sábado, 31 de mayo de 2008

El ciudadano POETA: Juan Ramón Jimenez, murió hace 50 años


NADIE RECUERDA AL PADRE DE PLATERO

Hace 50 años que murió Juan Ramón Jiménez.- Ninguna ceremonia de rango estatal rememorará hoy al poeta

A Juan Ramón Jiménez le concedieron el Premio Nobel el 25 de octubre de 1956, dos días después moría su mujer, Zenobia Caprubí, en Puerto Rico, donde el 29 de mayo, hace exactamente cincuenta años moría él también. Su heredera Carmen Hernández Pinzón se lamenta de que en este día no haya ningún acto institucional que recuerde esta fecha.


Escuche a Juan Ramón Jiménez
El poeta lee su poema 'Dios deseado y deseante' (1949) - FUNDACIÓN CASA-MUSEO ZENOBIA Y JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



"Existen alrededor de 200.000 manuscritos por digitalizar"
Desde que en 2006 se creara, desde la Diputación de Huelva, el trienio juanramoniano para conmemorar estas efemérides, "se han hecho exposiciones, y sobre todo publicaciones y reediciones, que es lo que más nos interesa para que se conozca su obra, pero, la verdad, da pena que hoy en el aniversario de su muerte no se haga nada para recordarlo", ha explicado Pinzón, sobrina nieta del poeta y la persona que cuida de todo su legado.

Y es que a Juan Ramón Jiménez, que nació en Moguer (Huelva) en 1881, "padre de todos los poetas, del que han bebido todas las generaciones y el que mejor resiste la prueba del paso del tiempo por su pureza", como reconoce el poeta leonés y antólogo del Nobel Antonio Colinas, todavía no se le conoce bien. "Después de medio siglo de su muerte queda mucha obra suya por publicar. Han salido muchas reediciones y hemos adelantado libros, pero queda mucha obra por conocer para saber cómo iba creciendo la voz de Juan Ramón como poeta, y en eso estamos.

MOGUER 1.960


Es nuestro empeño que cada vez se saquen más libros, eso es más importante que los homenajes", reconoce Pinzón. Para la heredera del poeta falta otra parte muy importante por hacer, y es la digitaización de todos los archivos y documentos de Juan Ramón. "Existen alrededor de 200.000 manuscritos, entre el archivo de Puerto Rico y los de aquí que quedan por digitalizar. Papeles escritos a lápiz por el poeta que con la humedad de Puerto Rico se están perdiendo y es urgente su digitalización", argumenta Pinzón, que asegura que desde todas las administraciones le dan "buenas palabras" pero "al final nadie hace nada". "Si no conseguimos esto con la ayuda de la Administración tendremos que ir a buscar alguna iniciativa privada", añade.

Juan Ramón Jiménez nació en Moguer y murió en Puerto Rico, adonde llegó con Zenobia Camprubí tras pasar por Cuba y Estados Unidos en un largo exilio que se inició a principios de 1939, cuando dejaron Madrid. Fue un autor muy prolífico, escribió desde la adolescencia, con una obra muy amplia, pero en España, y muy posiblemente a causa del exilio tras la Guerra Civil y de las instituciones oficiales de la época, que no eran muy proclives al poeta, a Juan Ramón prácticamente se le conocía por ser el autor de Platero y yo y de los primeros romances sentimentales.

Un desconocimiento que se agravó por la falta de publicaciones y que desde hace varios años se intenta remediar con muchos títulos que arrojan luz sobre él y desmienten algunos prejuicios y etiquetas sobre si Juan Ramón era huraño, antipático, antisocial y poco amigo de la familia. Es el caso de Ellos, el libro dedicado a su familia y a las "afinidades elegidas", editado por José Antonio Expósito, que prepara ahora la publicación de las revistas que creó Juan Ramón. Aunque, eso sí, el escritor padeció depresiones nerviosas toda su vida, y una fuerte debilidad física, además de poseer una profunda hipersensibilidad que le llevó a entrar y salir del hospital varias veces, en muchos casos por la nostalgia que tenía de su país y su familia, como recuerda su sobrina nieta.
Recientemente ha sido publicado Juan Ramón Jiménez. Crónica de un Nobel por Alfonso Alegre, que recoge el duro camino que tuvo que seguir el poeta hasta la obtención del Nobel; Visor sigue sacando los 48 libros con toda su obra, y también ha salido Leyenda, su gran proyecto poético. Además se han conocido los poemas más eróticos y carnales escritos por el poeta antes de conocer a Zenobia, y acaba de salir a a la calle un disco-libro con los poemas y canciones dedicados a su madre, una figura principal en su vida, con la voz de Chili Valverde.

martes, 27 de mayo de 2008

Aung San Suu Kyi, la ciudadana birmana


La Junta militar amplía el cautiverio de Aung San Suu Kyi

Las perspectivas de cambio en el país, si es que las hubo, han terminado. La principal líder de la oposición seguirá cinco años más encerrada.

La Junta Militar de Birmania ha dejado claro hoy que no hay perspectivas de cambio en el futuro del país. Por mucho que se deje a las ONG internacionales ayudar, aunque no sin impedimentos, a las víctimas del Nargis, o se celebre unas elecciones simbólicas, los militares piensan permanecer.

Y nada permite pensar lo contrario después de que el régimen tirano de Thang Shwe anunciara que piensa ampliar el arresto domiciliario a Aung San Suu Kyi, Nobel de la Paz y líder del movimiento democrático birmano, según fuentes oficiales y de su partido.

Suu Kyi, que ha pasado en cautividad casi 13 de años desde que regresó en 1988, fue detenida la última vez el 30 de mayo de 2003, después de que varios cientos de seguidores del régimen atacaran la caravana de vehículos en los que viajaba con otros miembros del partido, durante una gira política por el norte del país.En junio de 2003, y tras el ataque en el que murieron unas setenta personas, Suu Kyi fue conducida a la prisión de máxima seguridad de Insein, a las afueras de Rangún, y en septiembre de ese año, a raíz de una operación quirúrgica, la trasladaron a su desconchada residencia de estilo colonial británico.

El régimen renueva periódicamente el arresto domiciliario a Suu Kyi, de 62 años y madre de dos hijos que residen en el Reino Unido y a quienes las autoridades anularon hace años sus respectivos pasaportes birmanos.


Democracia a la birmana


Pocas horas antes, cerca de una docena de miembros de la Liga Nacional por la Democracia (LND), que dirige Suu Kyi, fueron detenidos cuando abandonaron la sede de la formación en Rangún. Según testigos, agentes de los cuerpos de seguridad arrestaron a los opositores, que se dirigían a sus casas tras salir de la sede en la calle Shwegondine, en el barrio de Bahan, y los subieron en camiones militares.

Al amanecer, fueron desplegados varias decenas de policías vestidos de paisano, y miembros de la milicia progubernamental en torno a la residencia de la Nobel de la Paz, en la avenida Universidad que cruza la zona alta de Rangún. La Policía también situó al menos seis camiones cargados con agentes provistos de armas, varas y escudos cerca de la sede de la LND.
El despliegue de fuerzas de seguridad fue hecho mientras la LND se preparaba para llevar a cabo un acto con motivo del décimo octavo aniversario de la victoria del partido en las últimas elecciones legislativas, cuyos resultados nunca han sido reconocidos por los generales que rigen el país.


REM en concierto homenajea a Aung San Suu Kyi

viernes, 23 de mayo de 2008

Seyed Mehdi Kazemi , el ciudadano homosexual iraní que lucha por su vida...



Finalmente y tras un calvario burocrático por media Europa, el gobierno británico ha concedido el asilo político a Seyed Mehdi Kazemi, el homosexual iraní de 19 años que teme por su vida si vuelve a su país.






Este joven estaba estudiando inglés en Londres cuando en 2.005 supo que una pareja suya de adolescencia había sido detenido en Iran y había sido condenado a muerte y ejecutado por sodomía. antes de morir fue obligado a dar los nombres de sus parejas y la policia local cursó una orden de detención contra Seyed Mehdi Kazemi.





Pidió asilo político en el Reino Unido pero le fue denegado, lo que implicó que marchase de allí y recorriese diversos países europeos, Grecia, Alemania, República Checa, Holanda...

El destino de Seyed Mehdi Kazemi, un estudiante homosexual iraní reclamado por la policía de Teherán por su condición, y cuyo novio fue ejecutado en 2006 por ser gay, va camino de convertirse en un caso histórico para la armonización de las leyes europeas de asilo.

El caso de Kazemi ha mostrado los riesgos de la normativa europea de asilo, que impide la doble petición de refugio en la Unión. Al no dejar margen a los diferentes grados de generosidad de las distintas legislaciones nacionales, los colectivos gays y de derechos humanos han apelado al Parlamento Europeo.

Se puede firmar el llamamiento a la Comisión Europeapor una Directiva Europea antidiscriminación de ciudadanos LGBT en la siguiente dirección:

http://www.radicalparty.org/lgbt_discrimination/form.php

lunes, 19 de mayo de 2008

ISRAEL 60 años: ciudadanos judiós y árabes ( VI ):Edward Saïd, el intelectual palestino-norteamericano


Voy a despedir e esta serie sobre ciudadanos árabes y judíos con motivo del 60 aniversario del la proclamación del Estado de Israel con las semblanzas de dos personalidades de las que ya se ha hablado en este blog: el palestino-norteamericano Edward Saïd y el argentino-israelí-español-palalestino Daniel Barenboim.


EDWARD SAID

“Un palestino escolarizado en Egipto, con nombre inglés y pasaporte norteamericano”




Con motivo de la publicación en Francia del libro “Reflexions sur l’exil”, de Edward Saïd, un libraco de 700 páginas en el cual se reúnen ensayos suyos escritos entre 1.967 y 1.999, y que suponemos que pronto tendremos traducido en España, donde Edward Saïd es un intelectual muy conocido, el diario LE MONDE publicó el viernes pasado un artículo del filósofo , intelectual francés de origen búlgaro TZEVETAN TODOROV., en el cual hace una entrañable semblanza del autor.Traduzco los párrafos que me parecen más interesantes.

Edward Saïd ha sido uno de los intelectuales más conocidos e influyentes del mundo. Autor de una veintena de libros, parecía llevar arias vidas a la vez (…) debía su notoriedad a trabajos sobre las identidades culturales, el encuentro entre culturas, los nacionalismos y los imperialismos. Era también una de las voces más escuchadas a favor de la lucha del pueblo palestino, pero cuidando siempre de que esa defensa se hiciese “tomando plenamente en cuenta al pueblo judío y sus sufrimientos, desde las persecuciones hasta el genocidio”

(…)

Saïd nació en 1.935 en Jerusalén, creció en El Cairo, donde estudió en un colegio británico. Partió a Estados Unidos a la edad de 16 años pasando a continuación por las universidades de élite de Pricenton y Harvard, antes de pasar a enseñar, a partir de 1.963 en la universidad de Columbia (Nueva York) , donde permaneció para el resto de su vida. (…) Es a raíz de la guerra árabe-israelí de 1.967 cuando toma conciencia de su pertenencia originaria y le impulsa a buscar un equilibrio entre las dos vertientes de sus ser: la medio-oriental y la occidental.

Un nuevo suceso sobreviene en 1.991, cuando Saïd descubre que es víctima de una leucemia crónica. La enfermedad le obliga a renunciar a sus actividades directamente políticas y le incita a volcarse sobre su propia existencia: viaja con frecuencia a Palestina e Israel convirtiéndose en un activista de la causa de los palestinos.

Hasta su muerte , en 2.003, continua su actividad con una intensidad creciente. En colaboración con el gran músico judio, de nacionalidad argentino-israelita ( que mas tarde adquiriría la nacionalidad española y palestina) Daniel Banemboim, fundó la orquesta iraelo-árabe , West-East Divan Orchestra, una iniciativa para reunir cada verano un grupo de jóvenes con talento de Israel y países árabes, y continua escribiendo sobre humanismo, música, política, etc…

Muy pronto se percató que su identidad era de lo mas incierta: “Un palestino , educado en ejipto, con nombre inglés y pasaporte norteamericano” es por lo que , al final de sus estudios superiores no siente ninguna tentación de volver “a su patria” ( eso no existe) y comprende pronto que “un retorno o un repatriamiento integral es imposible”.
Aprende , pues, a articular las dos partes tan diferentes de su ser y acaba reconociéndose en la figura del intelectual de la diáspora, habitante de una ciudad cosmopolita como Nueva York, y no ignora que justamente en eso sigue el ejemplo de numerosos intelectuales y artistas judios.

Descubre además que esta experiencia, lejos de ser excepcional. Encarna uno de los rasgos característicos del mundo moderno: la aceleración de los contactos entre culturas, el caracter cambiante de estas, la pluralidad interior de cada identidad.

(…)

Si el exilio se produce en condiciones favorables, se convierte en fuente de muchas ventajas. El individuo puede observar cada una de los componentes culturales de su propia identidad al mismo tiempo desde fuera y desde dentro, lo que le permite examinarlas con una mirada crítica. No está ofuscado ni por lo tópicos ni los hábitos. El exiliado vive siempre en un no-lugar, a contra corriente, es un marginal pero para él esto es una ventaja. Saïd establece una íntima relación entre esta condición y la del intelectual en general. Este último debe permanecer al margen de la autoridad pero también al margen de cualquier pertenencia impuesta – étnica, nacional, religiosa – ya que estas pueden poner en riesgo e impedir que su acción sea únicamente guiada por los ideales de la justicia y la verdad. SAÏD ES UN DEFENSOR FEROZ DE LA LAICIDAD, ADVERSARIO DE TODO NACIONALISMO, lo cual le permite criticar con la misma acidez al gobierno norteamericano y a las autoridades palestinas.

Si hubiera que buscarle una familia ideológica sería el HUMANISMO, a condición de que sea verdaderamente universal y no se confunda con el eurocentrismo.

Intelectual humanista , Saïd está listo para desafiar los poderes y los consensos establecidos, en nombre de una adhesión intransigente a los valores universales (…) pagó caro su compromiso: amenazas, incomodidades, sopechas….Sin embargo el ha mantenido su convicción de que “LA PRINCIPAL CUESTIÓN QUE SE LE PLANTEA AL INTELECTUAL DE HOY ES LA DEL SUFRIMIENTO HUMANO”, y ha actuado de acuerdo con sus ideas. Pesador brillante, también supo ser un hombre generoso y acogedor, inolvidable para todos los que le conocieron.

viernes, 16 de mayo de 2008

ISRAEL 60 años: ciudadanos judiós y árabes ( V ): El filósofo Alain Finkielkraut y el intelectual Elias Sanbar, delegado de Palestina en la UNESCO








RECONOCERSE PARA EXISTIR ( y segunda parte )


Elias Sabar : ¿El integrismo es una catástrofe para la sociedad palestina? Sí. Sin embargo, no por ello se les puede negar su condición de palestinos a los militantes de Hamas. Usted pregunta si estoy seguro de que “todos los palestinos sean palestinos”. Entiendo lo que quiere decir con ello y le respondo con otra pregunta: ¿Baruch Goldstein1 era israelita? Y supongo que la respuesta es sí.

Alain Finkielkraut : El primer ministro Yitzhak Rabin no se contentó con condenarlo. No, dijo, estoy implicado, estoy comprometido, me avergüenzo. Y esa vergüenza la experimentaron muchos judíos.

El grupo palestino de hip-hop DAM



E. S: De buena gana hago constar que del lado palestino las condenas a los ataques terroristas deberían ser mucho más tajantes. Cuando se va en contra de los civiles, no hay circunstancias atenuantes. Eso no quiere decir que la sociedad deba perder su identidad, sino que la identidad de algunos está enferma.

A. F: Hay un contraste entre el reinicio de las negociaciones y un endurecimiento en torno al asunto de 1948. En Francia hubo un tiempo en que los adversarios de la política israelita desplazaban la ocupación hasta 1967. Actualmente, el año de 1967 se ha borrado, las fechas se precipitan. Cada vez son más numerosos los que ubican la ocupación en el año de 1948. La deslegitimación de Israel se ha hecho evidente para muchos. El sionismo era una empresa de normalización. Se trataba de terminar con un mundo dividido en dos, entre “nosotros” y “los goys”. La historia parece ensañarse en deslegitimar al sionismo. El pesimismo israelí es consecuencia de ese ensañamiento.

E. S: Claro, el problema de 1948 ha estado siempre presente en el espíritu de los palestinos, pero también de los israelitas. Este problema sigue inquietando a los israelitas no por el aspecto demográfico de un retorno de los refugiados, a pesar de que no dejan de reclamarlo. Sino porque están seguros, sin tener motivos para ello, de que si reconocen que actuaron mal en 1948, eso significaría que el Estado de Israel nació en falta y es por lo tanto ilegítimo y por ello está amenazado a desaparecer. Se equivocan al pensar así. Reconocer la responsabilidad del sufrimiento palestino es, al contrario, la llave de la reconciliación, y por ende de un futuro seguro para todos.

A. F: ¿Desea que el Estado de Israel se arrepienta oficialmente?

E. S: Dejemos ese término a los clérigos y a los vendedores de redenciones. Hablo de reconciliación. Es necesario que los israelitas reconozcan que se ha cometido una injusticia y que sufrimos desde hace sesenta años, incluso si admito que no son los únicos responsables. Si no cortamos por lo sano, todas las paces no serán sino falsos pretextos.

A. F: Los historiadores, sionistas y postsionistas, han trabajado, las cosas se saben y se dicen. Pero usted no puede hacer que esa guerra contra la coalición de todos los Estados árabes no sea una guerra de liberación. Comenzó como una gran guerra civil en 1947. Un año después, todos los Estados árabes declararon la guerra al joven Estado, y eso se convirtió en una guerra por la independencia. Por lo demás, el público israelí está dispuesto a escucharlo todo. El pánico surge de cosas más concretas: los atentados suicidas de ayer son la principal razón del muro; hoy los cohetes son la razón de ser de los colonos. Aún cuando éstos han perdido la batalla ideológica en Israel, Hamas les provee un indiscutible argumento de seguridad: se teme que al restituir Cisjordania, Tel Aviv quede en la mira de los misiles.

E. S: El miedo de los israelitas me da miedo. Como si nada pudiera darles seguridad. Como si hubiera, no un rechazo a la paz, sino la imposibilidad de ir hacia ella. Si fueran los dueños de Cisjordania tendrían miedo de la proximidad jordana. Si controlaran Jordania temerían a Arabia Saudita. El resultado es que Israel está a punto de dejar pasar una oportunidad única. Nunca antes hubo un ofrecimiento tan favorable por parte de los palestinos. Nunca antes veintidós países árabes habían ofrecido tantas garantías que posibiliten un Medio Oriente finalmente pacífico.

A. F: Estoy convencido de que se debe aprovechar la ocasión. Entre tanto, este ofrecimiento no debería ir acompañado de un nuevo Durban. Se está preparando una segunda conferencia en la ONU en África del sur, más delirante e inquietante que la primera, en la que con el pretexto de discutir sobre el racismo, la intolerancia, la xenofobia, la homofobia y la misoginia en el mundo, Israel será apuntada con el dedo, pero también Occidente. En África y en el mundo árabe musulmán, un antisemitismo cobra fuerza y muestra a Israel como el manipulador, casi nazi, de la política mundial. No se puede querer la paz en el Medio Oriente contribuyendo con esa idea delirante.

E. S: Siempre he sido bastante claro sobre ese tema. No somos los judíos de los israelitas. Los israelitas y quienes los apoyan deberían entender que la mala reputación proviene de la ocupación. Ustedes elaboran complejas teorías acerca de algunos detalles, pero desconocen la realidad concreta. No busco embellecer el paisaje. Hay accesos islamistas en todas partes. Pero el concepto de mundo árabe-musulmán carece de sentido.

A. F: El antisemitismo de los egipcios está ligado a la ocupación... ¿Y el de los argelinos?

E. S: Si la paz de 1977 no funcionó fue porque se basó en un malentendido. La reconciliación no podía darse en tanto que los egipcios eran testigos de la situación de los palestinos. Esa constatación legítima suscitó reacciones ilegítimas, arcaicas, racistas. Numerosas voces en el mundo se han alzado en contra de esas meteduras de pata.

A. F: Entonces, ¿los egipcios (que recuperaron el Sinaí) no podían creer en la paz con Israel a causa de las desgracias de los palestinos? Ve usted que la existencia de un mundo árabe-musulmán se confirma y cristaliza en torno a una crítica a Israel y en la identificación con el sufrimiento palestino. No quiero cuestionar esa solidaridad, pero el mundo árabe debe escoger entre un Israel copartícipe y un Israel cabeza de turco.

E. S: El gran eslogan del movimiento islamista es la Palestina musulmana, no la Palestina árabe. El concepto, como un saco en el que todo cabe, de “mundo árabe-musulmán” carece de sentido. Porque hoy el islamismo es el enemigo declarado de lo árabe. Hay escaladas integristas por doquier y los árabes son los primeros amenazados.

A. F: Y quizás también los israelitas... Muchos de los cuales tienen la impresión de luchar por su supervivencia.

E. S: El hecho de que los palestinos hayan recobrado su nombre y que hayan asumido el compromiso histórico de compartir lo que consideran su patria demuestra que se ha librado un conflicto en el que la existencia de uno debe pagarse con el aniquilamiento del otro. El único acto histórico digno de ese nombre en los acuerdos de Oslo es la carta de “reconocimiento mutuo y simultáneo” intercambiado la víspera del acuerdo entre Yasser Arafat y Yitzhak Rabin. Ningún israelita podrá decir que los palestinos no existen. Y la mayoría de los palestinos, incluidos los militantes de Hamas, aceptan la lógica de los dos Estados. Queda pendiente el doloroso tema de la ocupación. Como si, sin perder su crudeza, el conflicto israelí-palestino hubiera a pesar de todo “entrado en la categoría” de los finales trágicos de la ocupación de un pueblo por otro.

A. F: Al igual que usted estoy en contra de la banalización del conflicto, pero veo el progreso de la deslegitimación del Estado judío. El universalismo democrático, o la religión de la humanidad, se está desarrollando sobre todo en Europa, después de la Shoah y en constante referencia a ella. Este universalismo democrático va acompañado de un crecimiento tecnológico del mundo. Se habita el planeta antes de habitar el propio país. El Estado judío aparece entonces como el contraejemplo de ese universalismo democrático. De ahí la paradoja de la memoria de la Shoah, que no deja de llorar las víctimas de los campos y que, al mismo tiempo, ve en Israel la nación por excelencia. Y por ende la nación culpable. ~



grupo de hip-hop israelí : HEBREW KINGS


jueves, 15 de mayo de 2008

ISRAEL 60 años: ciudadanos judiós y árabes ( IV ): El filósofo Alain Finkielkraut y el intelectual Elias Sanbar, delegado de Palestina en la UNESCO










RECONOCERSE PARA EXISTIR (primera parte)

Larga conversación entre el filósofo franés de origen judío Alain Finkielkraut y el intelectual Elias Sanbar, delegado de Palestina en la UNESCO. Son afines al terreno de la paz, a la coexistencia de los dos Estados, sin embargo, ambos hombres, que se conocen desde hace treinta años, no están “del mismo lado de la historia”.

“Una región que produce más historia de la que puede asimilar”. La frase de Winston Churchill a propósito de los Balcanes quizás pueda aplicarse aún con mayor tino al Medio Oriente. El conflicto israelí-palestino es antes que nada entre dos relatos, entre dos historias y, en fin, entre dos memorias. Por lo que no debe sorprendernos que el encuentro entre Alain Finkielkraut y Elias Sanbar haya girado en torno a la pregunta obsesiva acerca de los orígenes y el significado del año 1948, cuestión portadora de las mitologías rivales de ambos pueblos.

Para el filósofo francés, judío, comprometido desde el inicio de los años ochenta con una reflexión sobre “la desaprobación de Israel”, ese constante regreso a 1948 revela que el proceso de deslegitimación del Estado judío no está cerrado y teme la escalada del islamismo dentro de la sociedad palestina. Intelectual comprometido con la política –desde Oslo participa en la mayoría de las negociaciones–, antiguo director de la Revista de estudios palestinos y delegado de Palestina ante la UNESCO, Elias Sanbar recuerda que, para su pueblo, la creación de Israel fue el inicio de la desaparición: “Hemos perdido nuestro nombre.”

Elias Sanbar: Resulta cómodo plantear las cosas en términos eternos e inmutables. Eso evita asumir una reflexión, enfrentar la realidad. Ese conflicto está inscrito en momentos y en lugares, una historia y una geografía; fue y sigue siendo una realidad en movimiento, es decir, está inscrito en el largo plazo pero también sometido a la relatividad de la vida, de las mutaciones, de las evoluciones y las rupturas. En tanto sea descrito en términos de absolutos en la perspectiva de una Historia inmóvil, el tema palestino no podrá pensarse.

Alain Finkielkraut: El 31 de marzo de 1980, el historiador Jacob Talmon publicó una carta abierta a Menahem Begin (Primer ministro de Israel, negociador de los acuerdos de paz con el presidente egipcio Anouar El-Sadate): “En nuestros días, la única forma de alcanzar una coexistencia entre los pueblos es, aunque pueda parecer irónico y decepcionante, separarlos.”Será necesario que todos los protagonistas y sus simpatizantes se pongan de acuerdo acerca de la necesidad de la repartición. De esa manera el conflicto podrá descender a tierra y ser tratado como lo requiere: prosaicamente. Tanto en Israel como del lado palestino, la gente está dividida. He conocido palestinos convencidos de la necesidad de hacer las paces, hostiles al terrorismo y que no están de acuerdo con la solución de los dos Estados. Una supuesta nueva esperanza democrática ha salido a la luz: “El Estado de los ciudadanos”. Un hombre, una voz; de qué sirven los muros: levantemos acta de la imbricación de las poblaciones y de la democracia postnacional. No estoy seguro de que esta idea encuentre raíces en Europa. En Palestina, estoy convencido de que es una impostura.

E. S: Plantear la cuestión de la división de Palestina como un fin es perder de vista que ella fue y sigue siendo un medio, no necesariamente malo, pero no un fin. El fin perseguido es la paz. La partición puede ser un medio para acercarse a la paz. Si nos contentamos con la idea de un conflicto irreconciliable entre dos pueblos condenados a la negación recíproca, el término compartir convendría más que el de partir. Incluso una partición con fines elevados, implica la idea de división, mientras que la de compartir implica reconciliación.

A. F: Hay que reafirmar la necesidad de compartir y empezar por ella. La verdadera nakba, la verdadera catástrofe palestina no fue la guerra de 1947 y 1948, sino el rechazo a todos los planes de partición, el de la Comisión Peel en 1936 o el de la ONU en 1947.

E. S: Al-Nakba, o la Catástrofe de 1948, fue una terrible desgracia, ya que además de las expulsiones masivas y la pérdida de la patria, ese año fue para los palestinos el de la pérdida de su nombre. En 1948 no se trató de un país conquistado o reconquistado sino de una tierra engullida. El cauce de las aguas perdió su nombre, los pueblos también. A partir de ese año, los nombres de Palestina y de los palestinos fueron borrados. Hemos invertido medio siglo en reencontrar nuestro nombre. Mientras usted dice que la partición debió aceptarse en 1937 o en 1949, es casi hacer revisionismo. Eso era imposible.

A. F: ¿Por qué?

E. S: La sociedad no podía aceptarlo, es una realidad y yo soy impotente ante ella. Había entonces 1,4 millones de palestinos y seiscientos mil judíos, la mayoría de ellos había llegado a principios de siglo. ¿Cómo esta mayoría habría consentido, en términos de una presencia inmemorial, perder la mitad de su patria? Y sin embargo, lamento que el liderazgo palestino de entonces no tuviera el cinismo de Ben Gourion (Primer ministro de Israel en 1948): aceptar una parte de Palestina para intentar poder conquistar el resto. Si hoy hubiera estado en el poder, Arafat habría aceptado la repartición por táctica, no por convicción. Y eso habría suscitado una buena guerra, pero no se puede rehacer la Historia.

A. F: Imposible en 1948, ¿la repartición sería posible hoy?

E. S: Lo que ha permitido que el concepto de los dos Estados se imponga tras décadas de sufrimiento, de desgracias, de guerra ha sido que los dos procesos de constitución en Estados-naciones comenzaban a alcanzar su término. Hoy algo ha cristalizado al final de una larga gestación. Esto no pone en entredicho la realidad anterior –comunitaria, nacional– de ambos protagonistas. Pero no queda ninguna duda de que a partir de ahora la convicción es compartida por ambos bandos acerca de que la política de buena vecindad entre ambos Estados es una buena solución.

A. F: Decir que los palestinos cometieron un error al rechazar el plan de la ONU no significa un revisionismo sino una exigencia de desmitificación de los relatos canónicos que conduce a los israelitas a volver a los relatos de los orígenes y a reconocer que durante la guerra de 1948, la Haganah (movimiento de defensa israelita, reagrupado en Tsahal) habría debido actuar de otra manera. Sería lamentable que esa desmitificación “postsionista” no sirva sino para reforzar la leyenda palestina.

E. S: Como muchos palestinos, no tengo inconveniente en reconocer que se han cometido errores en el seno del movimiento nacional palestino, en la gestión interna del movimiento nacional bajo el Mandato hasta el descalabro de 1947-1948, pasando por la elección del Mufti de Jerusalén (Amin al-Husseini, líder religioso en la Palestina mandataria) para ir a Berlín a perderse al apoyar a Hitler. Lo que hoy se nos reprocha en realidad no es la falta de crítica a nuestra historia, sino el no hacerlo en los mismos términos que los israelitas. Es un defecto colonial pensar de ese modo, que además de infligir un sufrimiento a la víctima, ésta sea a su semejanza. Lo que muchos israelitas, incluso favorables al plan de paz, no comprenden es que no estamos del mismo lado de la Historia.

A. F: No subestimo los obstáculos para la paz que han surgido del lado israelita ocasionados por la desastrosa política de implantaciones, pero ¿es cierto que todos los palestinos son palestinos? ¿Se debe definir Hamas y la Jihad islámica como organizaciones palestinas extremistas? En un reciente artículo aparecido en Le Monde, Michel Bôle-Richard cede la palabra al jefe de la brigada de Abu-Rich (organización armada cercana a Fatah) en la franja de Gaza, y dice lo siguiente: “Israel nunca vendrá hasta el fin por nosotros, pues a diferencia de ellos, nosotros no tememos a la muerte. De hecho, mire usted, les damos miedo. Los habitantes de Sderot (ciudad a dos kilómetros de la franja de Gaza) parten. Los empujamos hacia el norte, hacia Hezbolá (movimiento chiíta libanés). Están atrapados en un sándwich.” ¿Fanfarronadas? Puede ser. Pero el palestino que se deja encantar por esos propósitos se expresa como musulmán y no como palestino.

CONTINUA MAÑANA


Philosophie Magazine
Testimonios recogidos por Élisabeth Lévy
Traducción de María Virginia Jaua

(Pulbicado en LETRAS LIBRES MAYO 2008)









http://www.letraslibres.com

martes, 13 de mayo de 2008

ISRAEL 60 años: 14 de mayo de 1.948 - 2.008

Para conmemorar este aniversario, se reproduce el magnífico documental que la 2 de TVE proyectó hace tiempo.

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ISRAEL 60 años: ciudadanos judiós y árabes ( III ): El filósofo Alain Finkielkraut y el intelectual Elias Sanbar, delegado de Palestina en la UNESCO






“Una región que produce más historia de la que puede asimilar”. La frase de Winston Churchill a propósito de los Balcanes quizás pueda aplicarse aún con mayor tino al Medio Oriente. El conflicto israelí-palestino es antes que nada entre dos relatos, entre dos historias y, en fin, entre dos memorias. Por lo que no debe sorprendernos que el encuentro entre Alain Finkielkraut y Elias Sanbar haya girado en torno a la pregunta obsesiva acerca de los orígenes y el significado del año 1948, cuestión portadora de las mitologías rivales de ambos pueblos.

Para el filósofo francés, judío, comprometido desde el inicio de los años ochenta con una reflexión sobre “la desaprobación de Israel”, ese constante regreso a 1948 revela que el proceso de deslegitimación del Estado judío no está cerrado y teme la escalada del islamismo dentro de la sociedad palestina. Intelectual comprometido con la política –desde Oslo participa en la mayoría de las negociaciones–, antiguo director de la Revista de estudios palestinos y delegado de Palestina ante la UNESCO, Elias Sanbar recuerda que, para su pueblo, la creación de Israel fue el inicio de la desaparición: “Hemos perdido nuestro nombre.”

Elias Sanbar: Resulta cómodo plantear las cosas en términos eternos e inmutables. Eso evita asumir una reflexión, enfrentar la realidad. Ese conflicto está inscrito en momentos y en lugares, una historia y una geografía; fue y sigue siendo una realidad en movimiento, es decir, está inscrito en el largo plazo pero también sometido a la relatividad de la vida, de las mutaciones, de las evoluciones y las rupturas. En tanto sea descrito en términos de absolutos en la perspectiva de una Historia inmóvil, el tema palestino no podrá pensarse.

Alain Finkielkraut: El 31 de marzo de 1980, el historiador Jacob Talmon publicó una carta abierta a Menahem Begin (Primer ministro de Israel, negociador de los acuerdos de paz con el presidente egipcio Anouar El-Sadate): “En nuestros días, la única forma de alcanzar una coexistencia entre los pueblos es, aunque pueda parecer irónico y decepcionante, separarlos.”Será necesario que todos los protagonistas y sus simpatizantes se pongan de acuerdo acerca de la necesidad de la repartición. De esa manera el conflicto podrá descender a tierra y ser tratado como lo requiere: prosaicamente. Tanto en Israel como del lado palestino, la gente está dividida. He conocido palestinos convencidos de la necesidad de hacer las paces, hostiles al terrorismo y que no están de acuerdo con la solución de los dos Estados. Una supuesta nueva esperanza democrática ha salido a la luz: “El Estado de los ciudadanos”. Un hombre, una voz; de qué sirven los muros: levantemos acta de la imbricación de las poblaciones y de la democracia postnacional. No estoy seguro de que esta idea encuentre raíces en Europa. En Palestina, estoy convencido de que es una impostura.

E. S: Plantear la cuestión de la división de Palestina como un fin es perder de vista que ella fue y sigue siendo un medio, no necesariamente malo, pero no un fin. El fin perseguido es la paz. La partición puede ser un medio para acercarse a la paz. Si nos contentamos con la idea de un conflicto irreconciliable entre dos pueblos condenados a la negación recíproca, el término compartir convendría más que el de partir. Incluso una partición con fines elevados, implica la idea de división, mientras que la de compartir implica reconciliación.

A. F: Hay que reafirmar la necesidad de compartir y empezar por ella. La verdadera nakba, la verdadera catástrofe palestina no fue la guerra de 1947 y 1948, sino el rechazo a todos los planes de partición, el de la Comisión Peel en 1936 o el de la ONU en 1947.

E. S: Al-Nakba, o la Catástrofe de 1948, fue una terrible desgracia, ya que además de las expulsiones masivas y la pérdida de la patria, ese año fue para los palestinos el de la pérdida de su nombre. En 1948 no se trató de un país conquistado o reconquistado sino de una tierra engullida. El cauce de las aguas perdió su nombre, los pueblos también. A partir de ese año, los nombres de Palestina y de los palestinos fueron borrados. Hemos invertido medio siglo en reencontrar nuestro nombre. Mientras usted dice que la partición debió aceptarse en 1937 o en 1949, es casi hacer revisionismo. Eso era imposible.

A. F: ¿Por qué?

E. S: La sociedad no podía aceptarlo, es una realidad y yo soy impotente ante ella. Había entonces 1,4 millones de palestinos y seiscientos mil judíos, la mayoría de ellos había llegado a principios de siglo. ¿Cómo esta mayoría habría consentido, en términos de una presencia inmemorial, perder la mitad de su patria? Y sin embargo, lamento que el liderazgo palestino de entonces no tuviera el cinismo de Ben Gourion (Primer ministro de Israel en 1948): aceptar una parte de Palestina para intentar poder conquistar el resto. Si hoy hubiera estado en el poder, Arafat habría aceptado la repartición por táctica, no por convicción. Y eso habría suscitado una buena guerra, pero no se puede rehacer la Historia.

A. F: Imposible en 1948, ¿la repartición sería posible hoy?

E. S: Lo que ha permitido que el concepto de los dos Estados se imponga tras décadas de sufrimiento, de desgracias, de guerra ha sido que los dos procesos de constitución en Estados-naciones comenzaban a alcanzar su término. Hoy algo ha cristalizado al final de una larga gestación. Esto no pone en entredicho la realidad anterior –comunitaria, nacional– de ambos protagonistas. Pero no queda ninguna duda de que a partir de ahora la convicción es compartida por ambos bandos acerca de que la política de buena vecindad entre ambos Estados es una buena solución.

A. F: Decir que los palestinos cometieron un error al rechazar el plan de la ONU no significa un revisionismo sino una exigencia de desmitificación de los relatos canónicos que conduce a los israelitas a volver a los relatos de los orígenes y a reconocer que durante la guerra de 1948, la Haganah (movimiento de defensa israelita, reagrupado en Tsahal) habría debido actuar de otra manera. Sería lamentable que esa desmitificación “postsionista” no sirva sino para reforzar la leyenda palestina.

E. S: Como muchos palestinos, no tengo inconveniente en reconocer que se han cometido errores en el seno del movimiento nacional palestino, en la gestión interna del movimiento nacional bajo el Mandato hasta el descalabro de 1947-1948, pasando por la elección del Mufti de Jerusalén (Amin al-Husseini, líder religioso en la Palestina mandataria) para ir a Berlín a perderse al apoyar a Hitler. Lo que hoy se nos reprocha en realidad no es la falta de crítica a nuestra historia, sino el no hacerlo en los mismos términos que los israelitas. Es un defecto colonial pensar de ese modo, que además de infligir un sufrimiento a la víctima, ésta sea a su semejanza. Lo que muchos israelitas, incluso favorables al plan de paz, no comprenden es que no estamos del mismo lado de la Historia.

A. F: No subestimo los obstáculos para la paz que han surgido del lado israelita ocasionados por la desastrosa política de implantaciones, pero ¿es cierto que todos los palestinos son palestinos? ¿Se debe definir Hamas y la Jihad islámica como organizaciones palestinas extremistas? En un reciente artículo aparecido en Le Monde, Michel Bôle-Richard cede la palabra al jefe de la brigada de Abu-Rich (organización armada cercana a Fatah) en la franja de Gaza, y dice lo siguiente: “Israel nunca vendrá hasta el fin por nosotros, pues a diferencia de ellos, nosotros no tememos a la muerte. De hecho, mire usted, les damos miedo. Los habitantes de Sderot (ciudad a dos kilómetros de la franja de Gaza) parten. Los empujamos hacia el norte, hacia Hezbolá (movimiento chiíta libanés). Están atrapados en un sándwich.” ¿Fanfarronadas? Puede ser. Pero el palestino que se deja encantar por esos propósitos se expresa como musulmán y no como palestino.

E. S: ¿El integrismo es una catástrofe para la sociedad palestina? Sí. Sin embargo, no por ello se les puede negar su condición de palestinos a los militantes de Hamas. Usted pregunta si estoy seguro de que “todos los palestinos sean palestinos”. Entiendo lo que quiere decir con ello y le respondo con otra pregunta: ¿Baruch Goldstein1 era israelita? Y supongo que la respuesta es sí.

A. F: El primer ministro Yitzhak Rabin no se contentó con condenarlo. No, dijo, estoy implicado, estoy comprometido, me avergüenzo. Y esa vergüenza la experimentaron muchos judíos.

E. S: De buena gana hago constar que del lado palestino las condenas a los ataques terroristas deberían ser mucho más tajantes. Cuando se va en contra de los civiles, no hay circunstancias atenuantes. Eso no quiere decir que la sociedad deba perder su identidad, sino que la identidad de algunos está enferma.

A. F: Hay un contraste entre el reinicio de las negociaciones y un endurecimiento en torno al asunto de 1948. En Francia hubo un tiempo en que los adversarios de la política israelita desplazaban la ocupación hasta 1967. Actualmente, el año de 1967 se ha borrado, las fechas se precipitan. Cada vez son más numerosos los que ubican la ocupación en el año de 1948. La deslegitimación de Israel se ha hecho evidente para muchos. El sionismo era una empresa de normalización. Se trataba de terminar con un mundo dividido en dos, entre “nosotros” y “los goys”. La historia parece ensañarse en deslegitimar al sionismo. El pesimismo israelí es consecuencia de ese ensañamiento.

E. S: Claro, el problema de 1948 ha estado siempre presente en el espíritu de los palestinos, pero también de los israelitas. Este problema sigue inquietando a los israelitas no por el aspecto demográfico de un retorno de los refugiados, a pesar de que no dejan de reclamarlo. Sino porque están seguros, sin tener motivos para ello, de que si reconocen que actuaron mal en 1948, eso significaría que el Estado de Israel nació en falta y es por lo tanto ilegítimo y por ello está amenazado a desaparecer. Se equivocan al pensar así. Reconocer la responsabilidad del sufrimiento palestino es, al contrario, la llave de la reconciliación, y por ende de un futuro seguro para todos.

A. F: ¿Desea que el Estado de Israel se arrepienta oficialmente?

E. S: Dejemos ese término a los clérigos y a los vendedores de redenciones. Hablo de reconciliación. Es necesario que los israelitas reconozcan que se ha cometido una injusticia y que sufrimos desde hace sesenta años, incluso si admito que no son los únicos responsables. Si no cortamos por lo sano, todas las paces no serán sino falsos pretextos.

A. F: Los historiadores, sionistas y postsionistas, han trabajado, las cosas se saben y se dicen. Pero usted no puede hacer que esa guerra contra la coalición de todos los Estados árabes no sea una guerra de liberación. Comenzó como una gran guerra civil en 1947. Un año después, todos los Estados árabes declararon la guerra al joven Estado, y eso se convirtió en una guerra por la independencia. Por lo demás, el público israelí está dispuesto a escucharlo todo. El pánico surge de cosas más concretas: los atentados suicidas de ayer son la principal razón del muro; hoy los cohetes son la razón de ser de los colonos. Aún cuando éstos han perdido la batalla ideológica en Israel, Hamas les provee un indiscutible argumento de seguridad: se teme que al restituir Cisjordania, Tel Aviv quede en la mira de los misiles.

E. S: El miedo de los israelitas me da miedo. Como si nada pudiera darles seguridad. Como si hubiera, no un rechazo a la paz, sino la imposibilidad de ir hacia ella. Si fueran los dueños de Cisjordania tendrían miedo de la proximidad jordana. Si controlaran Jordania temerían a Arabia Saudita. El resultado es que Israel está a punto de dejar pasar una oportunidad única. Nunca antes hubo un ofrecimiento tan favorable por parte de los palestinos. Nunca antes veintidós países árabes habían ofrecido tantas garantías que posibiliten un Medio Oriente finalmente pacífico.

A. F: Estoy convencido de que se debe aprovechar la ocasión. Entre tanto, este ofrecimiento no debería ir acompañado de un nuevo Durban. Se está preparando una segunda conferencia en la ONU en África del sur, más delirante e inquietante que la primera, en la que con el pretexto de discutir sobre el racismo, la intolerancia, la xenofobia, la homofobia y la misoginia en el mundo, Israel será apuntada con el dedo, pero también Occidente. En África y en el mundo árabe musulmán, un antisemitismo cobra fuerza y muestra a Israel como el manipulador, casi nazi, de la política mundial. No se puede querer la paz en el Medio Oriente contribuyendo con esa idea delirante.

E. S: Siempre he sido bastante claro sobre ese tema. No somos los judíos de los israelitas. Los israelitas y quienes los apoyan deberían entender que la mala reputación proviene de la ocupación. Ustedes elaboran complejas teorías acerca de algunos detalles, pero desconocen la realidad concreta. No busco embellecer el paisaje. Hay accesos islamistas en todas partes. Pero el concepto de mundo árabe-musulmán carece de sentido.

A. F: El antisemitismo de los egipcios está ligado a la ocupación... ¿Y el de los argelinos?

E. S: Si la paz de 1977 no funcionó fue porque se basó en un malentendido. La reconciliación no podía darse en tanto que los egipcios eran testigos de la situación de los palestinos. Esa constatación legítima suscitó reacciones ilegítimas, arcaicas, racistas. Numerosas voces en el mundo se han alzado en contra de esas meteduras de pata.

A. F: Entonces, ¿los egipcios (que recuperaron el Sinaí) no podían creer en la paz con Israel a causa de las desgracias de los palestinos? Ve usted que la existencia de un mundo árabe-musulmán se confirma y cristaliza en torno a una crítica a Israel y en la identificación con el sufrimiento palestino. No quiero cuestionar esa solidaridad, pero el mundo árabe debe escoger entre un Israel copartícipe y un Israel cabeza de turco.

E. S: El gran eslogan del movimiento islamista es la Palestina musulmana, no la Palestina árabe. El concepto, como un saco en el que todo cabe, de “mundo árabe-musulmán” carece de sentido. Porque hoy el islamismo es el enemigo declarado de lo árabe. Hay escaladas integristas por doquier y los árabes son los primeros amenazados.

A. F: Y quizás también los israelitas... Muchos de los cuales tienen la impresión de luchar por su supervivencia.

E. S: El hecho de que los palestinos hayan recobrado su nombre y que hayan asumido el compromiso histórico de compartir lo que consideran su patria demuestra que se ha librado un conflicto en el que la existencia de uno debe pagarse con el aniquilamiento del otro. El único acto histórico digno de ese nombre en los acuerdos de Oslo es la carta de “reconocimiento mutuo y simultáneo” intercambiado la víspera del acuerdo entre Yasser Arafat y Yitzhak Rabin. Ningún israelita podrá decir que los palestinos no existen. Y la mayoría de los palestinos, incluidos los militantes de Hamas, aceptan la lógica de los dos Estados. Queda pendiente el doloroso tema de la ocupación. Como si, sin perder su crudeza, el conflicto israelí-palestino hubiera a pesar de todo “entrado en la categoría” de los finales trágicos de la ocupación de un pueblo por otro.

A. F: Al igual que usted estoy en contra de la banalización del conflicto, pero veo el progreso de la deslegitimación del Estado judío. El universalismo democrático, o la religión de la humanidad, se está desarrollando sobre todo en Europa, después de la Shoah y en constante referencia a ella. Este universalismo democrático va acompañado de un crecimiento tecnológico del mundo. Se habita el planeta antes de habitar el propio país. El Estado judío aparece entonces como el contraejemplo de ese universalismo democrático. De ahí la paradoja de la memoria de la Shoah, que no deja de llorar las víctimas de los campos y que, al mismo tiempo, ve en Israel la nación por excelencia. Y por ende la nación culpable. ~

(Original de la revista PHILOSOPHIE MAGAZINE, publicada con traducción de Maria Virginia Jaua en el número de Mayo de la revista LETRAS LIBRES)

lunes, 12 de mayo de 2008

Irena Sendler, la C's resistente polaca que salvo a miles de niños judios de la cámara de gas, ha muerto a los 98 años.








Se llamaba Irena Sendler y ha muerto hoy a los 98 años, según ha informado su familia. Sendler está considerada como una de las grandes heroínas de la resistencia polaca a los nazis: evitó que 2.500 niños judíos fueran trasladados a campos de concentración colocándolos en familias católicas.



Irena arriesgó su vida en la Varsovia ocupada de los nazis como miembro de la resistencia polaca. Pero su mayor hazaña, por la que estaba considerada como una heroína en su país fue la de sacar del gueto de Varsovia a 2.500 niños judíos. Los sacaba del gueto de las formas más inverosímiles. Luego los ocultaba en familias católicas y en conventos para evitar que acabaran en los terribles campos de concentración nazis.

Irena Sendler permaneció siempre como una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de régimen comunista relegaron su gesta al olvido.



Por esta labor, fue propuesta el año pasado por Polonia para recibir el premio Nobel de la Paz, que finalmente fue a parar al norteamericano Al Gore.

Desde hacía varios años Irena Sender arrastraba un delicado estado de salud que se agravó en los últimos meses y que la obligó a permanecer ingresada en un hospital hasta su fallecimiento, llorado en todo el mundo por sus "hijos supervivientes del Holocausto". Y es que la bravura de Sendler rozaba la inconsciencia, cuando rescataba ante las narices de los soldados nazis a los pequeños del gueto, escondidos entre la basura, en ataúdes o en cajas de herramientas.

Cuando se descubrió la trama, Irena Sendler fue brutalmente torturada por los alemanes e incluso condenada a muerte, aunque finalmente la resistencia logró rescatarla de manos de la Gestapo mientras era literalmente conducida al patíbulo.

A pesar de las torturas, los alemanes nunca descubrieron que enterrados bajo un manzano cercano a uno de sus cuarteles se escondían miles de botes de conserva con los nombres de los niños, sus nuevas identidades y las familias que los acogían.

Irena Sendler fue siempre una mujer de gran coraje, muy influida por su padre, un médico rural que murió cuando ella era sólo una niña y del que aprendió que a la gente se la divide en buenos y malos sólo por sus actos, no por sus posesiones materiales, y a ayudar siempre a quien lo necesitase.

Cuando Irena se hizo mayor, comenzó a trabajar en los servicios sociales del ayuntamiento de Varsovia, al tiempo que se unía al Partido Socialista Polaco, siempre con el afán por ayudar a pobres, huérfanos y ancianos tal y como le había enseñado su padre. Esta historia era desconocida para la opinión pública hasta que en 1999 unos estudiantes de un instituto de Kansas, en Estados Unidos, descubrieron gracias a un trabajo de clase que una polaca había salvado la vida de, nada más y nada menos, 2.500 niños judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

domingo, 11 de mayo de 2008

Rand Abdel-Qader, la ciudadana iraquí de 17 años, martir del AMOR...


"Mi hija merecía morir por enamorarse"

Un hombre iraquí justifica el asesinato de su hija, que mantenía una relación en Basora con un soldado británico. -Los agentes que lo detuvieron, lo liberaron a las dos horas

Abdel-Qader Ali sólo se arrepiente de una cosa: no haber matado a su hija el mismo día en que nació. "Si hubiera sabido en lo que iba a convertirse, la hubiera asesinado en el mismo instante que su madre dio a luz", explica el padre sin ningún atisbo de arrepentimiento a The Observer. El delito de su hija no tenía perdón: se había enamorado de un soldado británico en Basora

Hace dos semanas, el diario publicó el asesinato por honor de la estudiante de 17 años Rand Abdel-Qader. Su padre, un empleado del Gobierno de 46 años, fue detenido pero la policía lo liberó a las dos horas. "Son hombres y saben lo que es el honor", asegura Ali, que relata cómo los agentes le dieron la enhorabuena por lo que había hecho.

Rand, estudiante de inglés en la Universidad de Basora, conoció a Paul, un soldado británico de 22 años, cuando ella ayudaba como voluntaria a las familias desplazadas y él distribuía agua entre los afectados. Según su amiga Zeinab, el romance, que duró cuatro semanas, no pasó de las conversaciones. "Rand murió virgen", asegura la joven.

El 16 de marzo, Ali supo que su hija había sido vista en público con el militar, "el enemigo, el invasor, el cristiano". Había deshonrado a su familia. A pesar de los intentos desesperados de la madre de Rand por impedir que Ali matase a su hija, éste la ahogó, con la ayuda de sus dos hijos, aplastando el cuello de la joven con el pie. Fue enterrada sin ninguna ceremonia.


"La muerte era lo que se merecía. Tengo el apoyo de todos amigos que son padres como yo y saben que lo que hizo era inaceptable para cualquier musulmán", declaró Ali a The Observer.

"Ahora no tengo ninguna hija y prefiero decir que nunca la tuve", continúa el padre, para quien "las mujeres musulmanas no son como las occidentales, que pueden dormir con cualquier hombre que quieran y quedarse embarazadas sin casarse".

Un oficial de Basora ha denunciado que un político local le ha dado dinero para que se marche unos días a Jordania hasta que la historia sea olvidado, la práctica usual en los más de 30 asesinatos por honor registrados desde enero.



En homenaje a RAND ABDEL-QADER:: Cheb Mami canta un rai, la música de los jóvenes árabes que luchan por su libertad.

sábado, 10 de mayo de 2008

FRANCISCO LLERA , el ciudadano vasco director del Euskobarómetro


El diario barcelonés LA VANGUARDIA, está realizando una serie de entrevistas con personalidades relevantes en su campo que tratan de diagosticar la situación de la Expaña del 2.008. Hoy le ha tocado al sociólogo vasco, director del Euskobarómetro, la encuesta sociológica más prestigiosa del País Vasco.

Reproduzco aquí el texto aparecido en la edición digital.


"El PNV intentó convertirse en hegemónico aprovechando el pragmatismo del electorado"

Pedro Vallín Madrid 10/05/2008

Mientras habla con La Vanguardia, en un restaurante del corazón de Azca, una llamada interrumpe la charla. Es su escolta. Francisco Llera, catedrático de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco, lo lleva desde que en 2001 ETA pusiera una bomba en el ascensor de la facultad de Ciencias Sociales del vizcaíno campus de Lejona, donde Llera dirigía el departamento de Ciencia Política. Por entonces, éste asturiano de origen, vasco de adopción, vivió un episódico exilio académico en Estados Unidos, pero pronto recobró su papel al frente del Euskobarómetro, el termómetro social vasco más seguido y citado, que, junto a su labor académica, lo ha convertido en un especialista en los movimientos de fondo de la sociedad vasca y en un politólogo de referencia en España.

.- Desaceleración, endeudamiento familiar, paro, inmigración… Mal cóctel social.

Bueno, estamos hablando de cosas muy distintas. El agotamiento del ciclo económico, los ajustes de los problemas estructurales de nuestro modelo de crecimiento, los avances de la revolución científico-técnica y otros cambios claro que pueden producir impactos en la estratificación social y en las condiciones de vida de determinadas capas sociales, sobre todo en las más vulnerables o afectadas por esos sectores. Inevitablemente, esto producirá tensiones y conflictos más o menos localizados y ya experimentados por otras sociedades en circunstancias similares.

.- Pero con tantos inmigrantes, ¿se radicalizará a la clase media?

La inmigración es un evidente y más que potencial foco de conflictividad, en distintos sentidos. Por esa misma razón, su deriva o amenaza de uso populista es obvia. Sin embargo, todo apunta a que en nuestro país, por el momento, no hay masa crítica para aventuras sociopolíticas ultras y, además, cuentan con un fuerte rechazo de la sociedad española.

.- Lo veo muy convencido.

Somos una sociedad madura y de comportamientos políticos muy pragmáticos y previsibles. Además, una sociedad con mucha vitalidad y autonomía, que depende cada vez menos de la política y en la que la inmensa mayoría tiene mucho que perder y poco que ganar con las aventuras radicales de cualquier signo. Estoy seguro que los partidos responsables y el sistema político, en general, sabrán adaptarse y responder a estos cambios de ciclo.

.- Entonces, ¿usted cree que estamos vacunados contra la radicalización?

Habrá irresponsables y radicales que tratarán de obtener ganancias en río revuelto. El ejemplo lo tenemos en Alemania: Allí los grandes han hecho una gran coalición anticrisis, mientras que otros han aprovechado para radicalizarse y sacar tajada.

.- Otro efecto posible es el desafecto político. ¿Hay riesgo de despolitización?

No creo. La desafección, el antipartidismo o la fatiga política de una parte del electorado, con ser asuntos importantes y necesitados de atención y respuesta, no llevan parejos el rechazo al sistema democrático, sus reglas y sus valores.

.- ¿Estamos psicológicamente preparados para una recesión después de década y media de consumo desaforado?

Eso pasó en España en el ciclo de crisis anterior, después de la bonanza de la primera etapa socialista. En efecto, entonces, no estábamos psicológicamente preparados para los cambios de ciclo. Creo, sinceramente, que ahora ya hay más experiencia, incluso en la socialización infantil y familiar y, por otro lado, hay mucha más información de cómo se reacciona al ajuste. Además, esto no es una recesión, ni mucho menos, y la sociedad y la economía están mucho más compensadas y preparadas para etapas de ajuste.

.- ¿Y la solidaridad interterritorial se verá afectada, tras cuatro años de atizar el antagonismo?

El modelo territorial español de descentralización autonómica avanzada y asimétrica ha sido un éxito indudable. Tiene problemas de ajuste multilateral, de déficit de dinámica cooperativa y de articulación efectiva de la cohesión y la solidaridad interterritorial, problemas evidentes como la cuestión del agua, y que requieren auténticos pactos nacionales. Los nacionalismos viven y se alimentan del victimismo, por un lado, y de los fracasos de los partidos nacionales para materializar y compartir plenamente la idea de la Nación y el Estado hilvanados en la Constitución de 1978, por el otro. Además, debe considerarse que los dos grandes partidos no discrepan en cuanto a la solidaridad, sino en cuanto a las fórmulas. Así que tendrán que ponerse de acuerdo.

.- ¿Y en la práctica?

El victimismo y el fracaso parcial de los partidos nacionales han sido alimentados por las necesidades de gobernabilidad de los grandes (UCD, PSOE y PP). Nuestra rica pluralidad, el alto nivel de descentralización, su asimetría y la variedad de las mayorías de gobierno territoriales han facilitado una dinámica competitiva y diversificadora que ha sido positiva. Pero no carece de riesgos autodestructivos a la hora de abordar por separado, sin visión estratégica unitaria, asuntos sociales de primera magnitud como el cambio climático, la conservación del medio, las infraestructuras, la brecha tecnológica, el agua, el turismo, el modelo de crecimiento económico…

.- Sin embargo, en el País Vasco, tras el fracaso de la tregua, parece haber un cambio de tercio en cuestiones soberanistas.


Es que a pesar de las ambigüedades, contradicciones, oscurantismo y fuerte confrontación política que ha rodeado al proceso de salida negociada con los terroristas de ETA y a pesar de la frustración de las esperanzas depositadas en un final feliz, hoy la sociedad vasca está más firmemente comprometida y convencida de la derrota de los terroristas.

.- Políticamente, ¿quiénes son los perjudicados por ese fracaso?

La izquierda abertzale. Verá, el resultado de las dos últimas treguas ha sido el mismo, a pesar de que los actores eran muy distintos: un Aznar en pleno giro hacia posiciones antinacionalistas, y un Zapatero con una disposición mucho más abierta. Si en el primer caso, ETA aducía la mala disposición del Gobierno, ahora ese argumento ha perdido el sentido. Por eso, la banda está vaciando, política y socialmente, el mundo de la izquierda abertzale, a la que ya no se le puede presuponer un discurso autónomo del de ETA. El mejor indicio, es la fuerte desorientación y fatiga que viven los sectores sociales que les apoyan, por un lado, y el fracaso electoral de las aventuras radicales del nacionalismo. ETA, que lleva 40 años corrompiendo la vida social, política y cultural vasca, confundió la tolerancia con debilidad, y ahora se ve, en la mera sustitución de listas electorales de los abertzales, que da igual a quien se ponga, y si da igual es que manda ETA.

.- Ha mencionado el fracaso de las "aventuras radicales del nacionalismo". ¿Esa es la lectura de los resultados electorales?

ue los socialistas vascos hayan reunido más votos que los tres partidos del gobierno vasco juntos es todo un síntoma y, además, que lo hayan hecho con una buena resistencia electoral del PP le da más valor a su éxito. Siendo justos, tenemos que decir que al PNV, sobre todo en Guipúzcoa y, en general, en el entorno rural, le perjudica la llamada a la abstención de los abertzales, porque el votante del PNV no quiere ser sospechoso de desafección a Euskadi, y en muchos pueblos todo el mundo se conoce y sabe quién vota, así que el miedo actúa de forma particular entre votantes rurales del PNV. Pero, en todo caso, se ha visto que en Euskadi tienen muy poco futuro las aventuras de ruptura y de desestabilización, por mucho que puedan provocar estrés social. Los vascos están acostumbrados a resistir y adaptarse pragmáticamente. Pero, esto no implica que traicionen sus sentimientos y actitudes profundas.

.- ¿Ve al PVN sumido en una crisis ?

Es claramente un partido en crisis. Al margen del resultado electoral, está salpicado por un caso grave de corrupción en la hacienda foral guipuzcoana y tiene serios problemas de estructura. ¿A qué se refiere? La bicefalia, partido-gobierno, sólo le funciona los dos primeros años. Así ocurrió con Garaicoetxea y Arzalluz, que acabó en cisma, y luego con Ardanza y Arzallus. Imaz ha intentado romper esa estructura de un PNV consagrado a hacer caja y retórica, pero, una vez más, se ha encontrado con la obcecación de Ibarretxe.

.- Caja y retórica?

El nacionalismo gobernante ha intentado, desde su posición de poder, convertir el pragmatismo del electorado vasco en hegemonía política y ha querido garantizarse el monopolio de los símbolos. Esto funcionaba bien con el PP en el Gobierno central, pero con el cambio de actitud del PSOE, la idea que han transmitido es que son insaciables. Siempre quieren más. El PNV empieza a sembrar dudas en la sociedad vasca de que sea un partido responsable y respetable y el mérito es, sobre todo, de Ibarretxe y sus obsesiones.

.- Tras cuatro años de ese tipo de discursos ¿no cree que vaya a haber una crisis del sistema, una hipertensión territorial que desborde las que ya conocemos?

Todo apunta a que la nación española y el sentimiento nacional español es mucho más fuerte y profundo de lo que algunos nacionalistas quieren hacer ver y de lo que a veces parece. El localismo hace mucho ruido, maneja muy bien los símbolos, como le decía antes, y sabe sacar partido de la radicalización, la intimidación, el estigma y la exclusión. Sin embargo, la nación es paciente, inclusiva, dual y sabe que puede y tiene que convivir con eso. Los datos de actitud y sentimiento de identidad son muy claros y consistentes: No hay peligro de desintegración nacional española y algunos nacionalistas lo saben y les molesta. Por eso, utilizan continuamente la provocación. No estamos en Francia, pero tampoco en Bélgica o en los Balcanes.

.- Otro factor de crujido social que ha asomado como un barrunto durante la última legislatura es el conflicto entre laicos y católicos. ¿Cuál es su diagnóstico?

Bueno, lo cierto es que la religión tiene un fondo de conservadurismo evidente y casi natural, tiene normas y valores solo asumibles por sus fieles pero también otros que pueden ser compartidos por sectores sociales más allá de las paredes del templo, por así decir. Nuestra sociedad y buena parte de sus estructuras normativas están impregnadas de cristianismo o cristiandad. Pero, es verdad que estamos en una sociedad y un estado laicos y esto genera tensiones evidentes con la religión organizada. Han pasado muy pocos años para aprender a convivir con esta doble dinámica.

viernes, 9 de mayo de 2008

Sampal Pat Devi, la dirigente del movimiento ciudadano de mujeres “de rosa” de UTTAR PARADESH ( India)




En UTTAR PARADESH , una región pobre del norte de la India, un grupo de mujeres ha formado un movimiento ciudadano para combatir todas las injusticias. Estas heroínas, vestidas de rosa, representan a menudo la última esperanza de los más desfavorecidos.

En el sur de esta región de Uttar Paradse, en el distrito de Bundelkhand, una de las más desfavorecidas del país, las niñas no tienen el mismo derecho a la vida que los niños. Muchas mujeres practican abortos clandestinos en cuanto saben que su bebé es una niña, para evitar pagar una dote en cuento llegue el momento de la boda. En consecuencia , en la región la proporción mujer/ hombre es de 825 mujeres por cada 1.000 hombres. Además , cuando las niñas crecen es raro que puedan acceder a la escuela: casi tres cuartas partes de las mujeres son analfabetas.

Dispersas en muchos pueblos, caso doscientas mujeres, lideradas por Sampar Pat Devi ( 47 años) han montado un movimiento ciudadano peculiar: EL MOVIMIENTO ROSA, llamado así por que las mujeres militantes se cubren con una sari Rosa cuando participan en las acciones de protesta.

Estas mujeres se movilizan para defender a las mujeres maltratadas por la justicia y por las fuerzas de “orden público”:

“ Nadie nos ayuda. Los funcionarios y la policía están contra los pobres. Nosotras mismas estamos obligadas a hacer respetar la Ley”.

En su cuartel general, en una barriada polvorienta de la ciudad de Atarra, Sampar pat Devi coordina el MOVIMIENTO ROSA alertando a las ciudadanas militantes por teléfono cuando hay que actuar.

Cuando hay que movilizarse, se cubren con su sari rosa , empuñan sus bastones de madera , tradicionalmente reservados solamente a los hombres que trabajan en el campo, y a pesar de que se entrenan en la autodefensa, jamás han practicado la violencia activa.

“Cuando luchábamos contra la colonización británica teníamos la bandera de la India como emblema de nuestra lucha, ahora nuestro símbolo es el sari rosa para la lucha contra la corrupción, la opresión, la discriminación de las niñas y las mujeres y contra las injusticias”


jueves, 8 de mayo de 2008

ISRAEL 60 años: ciudadanos judiós y árabes ( II ): David Grossman



"YO ESCRIBO" por David Grossman segunda parte


En lo que a mí respecta, en la ficción que he escrito en años recientes he dado la espalda, casi intencionalmente, a la feroz realidad de mi país, esa realidad del último cable informativo. Ya antes había escrito libros sobre esta realidad, e incluso en años recientes nunca dejé de escribir sobre ella, nunca dejé de hacer un intento por comprenderla, en artículos y en ensayos y en entrevistas. Participé en decenas de protestas, en iniciativas internacionales por la paz. Me reuní con mis vecinos –algunos de ellos enemigos míos– en cada oportunidad que estimé cargada de posibilidad para el diálogo. Y, sin embargo, en años recientes, fruto de una decisión consciente, y casi a manera de protesta, no escribí sobre estas zonas de desastre en mi literatura.


¿Por qué? Porque quería escribir sobre otras cosas igualmente importantes, que no gozan del tiempo y de la pasión y de la completa atención de la gente cuando la guerra, casi eterna, retumba.

Escribí sobre los celos furiosos de un hombre por su esposa, sobre los niños sin techo en las calles de Jerusalén, sobre un hombre y una mujer que instauran un lenguaje privado que sólo a ellos les pertenece, casi hermético, dentro de una burbuja ilusoria de amor. Escribí sobre la soledad de Sansón, el héroe bíblico, sobre las finas e intrincadas relaciones entre las mujeres y sus madres y, en general, entre padres e hijos.

Hace unos cuatro años, cuando mi segundo hijo, Uri, estaba por unirse al ejército, no pude mantener mis viejas costumbres. Me bañó una sensación de urgencia y alarma que me dejó desencajado. Entonces comencé a escribir una novela que trata directamente la sombría realidad en la que vivo. Una novela que retrata la manera en que la violencia externa y la crueldad de la realidad general, política y militar, penetran el tejido blando y vulnerable de una sola familia, desgarrándola finalmente en jirones.

“Tan pronto uno escribe –dice Ginzburg– uno ignora milagrosamente las circunstancias concretas de la propia vida y, sin embargo, nuestra felicidad o nuestra miseria nos conducen a escribir de una cierta manera. Cuando estamos alegres nuestra imaginación es más dominante. Cuando estamos afligidos, el poder de nuestra memoria toma el control.”

Es difícil hablar sobre uno mismo, sobre todo cuando se trata de estos temas. Sólo diré lo que puedo decir en este momento, y desde el lugar donde me encuentro.

Escribo. A raíz de la muerte de mi hijo Uri, el verano pasado en la guerra entre Israel y Líbano, la conciencia de lo sucedido está presente en cada momento de mi vida. El poder de la memoria es realmente enorme y pesado, y por momentos tiene una cualidad paralizante. Sin embargo, el acto mismo de escribir en esos momentos crea un espacio para mí, una perspectiva que nunca he conocido antes, donde la muerte no es sólo la negación absoluta, unidimensional de la vida.

Los escritores que están aquí sentados en este auditorio lo saben: cuando escribimos, sentimos que el mundo se mueve, flexible, rebosante de posibilidades. Sin duda no está congelado. Dondequiera que la existencia humana perviva, no hay congelamiento ni hay parálisis y, de hecho, no hay statu quo. Incluso si en ocasiones erramos al pensar que hay un statu quo; incluso si algunos se empeñan en hacernos creer que existe un statu quo.

Cuando escribo, incluso ahora, el mundo no se cierra sobre mí, y no se hace cada vez más pequeño: muestra signos de apertura y de futuro.

Escribo. Imagino. El acto de imaginar por sí mismo me vivifica. No estoy congelado y paralizado ante el depredador.

Invento personajes. Por momentos me siento como si estuviera desenterrando a la gente del hielo con que la realidad los ha cubierto, pero quizás, más que nada, es a mí mismo a quien desentierro ahora.

Escribo. Siento la riqueza de posibilidades inherente a cualquier situación humana. Percibo mi capacidad de elegir entre ellas. La dulzura de la libertad, que creía perdida para mí. Me dejo llevar por la exuberancia de un lenguaje verdadero, personal, íntimo. Recuerdo el deleite de la respiración natural y plena cuando logro escapar de la claustrofobia del eslogan y el cliché. Súbitamente comienzo a respirar con ambos pulmones.

Escribo, y siento cómo el uso correcto y preciso de las palabras es a veces como una cura para la enfermedad. Una forma de purificar el aire que respiro de la turbiedad y las manipulaciones de los villanos de la lengua. Escribo y siento cómo la ternura y la intimidad que guardo respecto del lenguaje, en sus diversos estratos, su erotismo y su humor y su alma, me devuelven a la persona que solía ser, antes de que mi Ser fuese nacionalizado y confiscado por el conflicto, por gobiernos y por ejércitos, por la desesperanza y la tragedia.

Escribo. Me eximo de una dudosa y distintiva capacidad que se tiene en el estado de guerra en que vivo: la capacidad de ser un enemigo, de ser sólo un enemigo. Hago lo más que puedo por no escudarme ante la justedad y el sufrimiento de mi enemigo. Ni ante la tragedia y la confusión de su vida. Ni ante sus errores o sus crímenes, ni ante la conciencia de lo que yo mismo le inflijo. Y tampoco ante las sorprendentes similitudes que encuentro entre él y yo.

Súbitamente, no estoy condenado a esta dicotomía absoluta, falaz, sofocante, esa alternativa inhumana que dice: “sé víctima o agresor”, sin plantear una tercera opción, más humana. Cuando escribo puedo ser un ser humano con galerías naturales y vitales que conectan sus partes diversas; un ser humano que en parte se siente cercano al sufrimiento y la justedad de su enemigo, sin renunciar a un solo gramo de su propia identidad.

En ocasiones, cuando escribo, puedo recordar lo que todos sentimos en Israel, en un instante singular, cuando el aeroplano del presidente egipcio Anuar Sadat aterrizó en Tel Aviv, tras décadas de guerra entre las dos naciones: en ese momento, de pronto, descubrimos cuán pesada es la carga que llevamos toda nuestra vida, la carga de la enemistad y el miedo y la sospecha. La carga del estar permanentemente en guardia, la pesada carga de ser un enemigo en todo momento.

Y qué delicia fue liberarnos por un segundo de la inmensa armadura de la sospecha, el odio y el estereotipo, una delicia casi aterradora, estar ahí de pie, desnudos, casi puros, y presenciar cómo un rostro humano emergía de esta visión unidimensional con la que nos vimos los unos a los otros durante años.

Escribo. Le doy a un mundo externo y extraño mis palabras más íntimas y privadas. En cierto sentido, hago de ése mi mundo. En cierto sentido, regreso después de sentirme exiliado y extranjero para sentirme ahora en Casa. Así, ya estoy produciendo un pequeño cambio en lo que antes me parecía imposible de cambiar. Y cuando describo la más impenetrable arbitrariedad que signa mi destino –ya esté dicha arbitrariedad en manos de un hombre, o en manos del hado– descubro repentinamente nuevos matices, nuevas sutilezas. Descubro que el mero acto de escribir sobre la arbitrariedad me permite sentir una libertad de movimientos asociada a dicho acto. Siento que con el solo hecho de enfrentar la arbitrariedad me es otorgada la libertad –quizás la única libertad que un hombre pueda tener contra la arbitrariedad– la libertad de verter la propia tragedia en las propias palabras. La libertad de expresarse de forma diferente, nueva, ante eso que amenaza con encadenarnos e imponernos las definiciones limitadas, fosilizadas de la arbitrariedad.

Escribo también sobre lo que ya no puede volver. Y sobre eso para lo que no tenemos consuelo. También entonces, de una forma que aún encuentro inexplicable, las circunstancias de mi vida no se cierran sobre mí dejándome paralizado. Muchas veces cada día, cuando me siento ante mi escritorio, toco la aflicción y la pérdida como alguien que tocara la electricidad con sus manos desnudas y, sin embargo, no muero. No puedo entender cómo opera este milagro. Quizás una vez que termine de escribir esta novela trate de comprenderlo. Pero ahora no. Es muy pronto.

Escribo sobre la vida de mi tierra, Israel. Esa tierra torturada, desesperada, envenenada por una sobredosis histórica, por un exceso de emociones humanamente incontenibles, un exceso de acontecimientos desmesurados y tragedia, un exceso de ansiedad y de vigilia paralizante, un exceso de memoria, de esperanzas perdidas, circunstancias de un destino singular entre todas las naciones; esa tierra cuya existencia parece a veces una historia de proporciones míticas, una historia sobrehumana hasta tal punto que algo ya no funciona en su relación con la vida misma; una tierra cansada de la imposibilidad de llevar, algún día, la vida normal de un país entre otros, de una nación entre otras.

Nosotros, los escritores, pasamos por tiempos de desesperanza y tiempos de menosprecio hacia nosotros mismos. Nuestro trabajo es, en esencia, el trabajo de deconstruir la propia personalidad, de destruir algunos de los más arteros mecanismos de defensa que posee el hombre. Abordamos de manera voluntaria los más toscos, los más repulsivos, los más crudos materiales del alma. Nuestro trabajo nos conduce una y otra vez a reconocer nuestras taras, como humanos y como artistas.

Y, no obstante, he aquí el gran misterio y la alquimia de nuestras acciones: de alguna manera, tan pronto nuestra mano toca la pluma, o el teclado de la computadora, cesamos ya de ser la víctima impotente de eso, lo que sea, que nos esclavizaba y nos devaluaba antes de comenzar a escribir. Ya no más nuestro predicamento ni nuestros miedos privados, no más la “narrativa oficial” de nuestro país, ni el destino mismo.
Escribimos. El mundo no se cierra sobre nosotros. Qué afortunados somos. El mundo no se hace cada vez más pequeño. ~

Fin de la conferencia en la cátedra Arthur Miller

DANIEL Barenboim, un C's con triple nacionalidad: árabe, israelita y palestina y ejemplo de la intermknable lucha por conseguir el entendimiento entre los judios y los árabes que les permita vivir juntos en dos estados vecinos, interptreta el Aria de las VARIACIONES Goldberg del C's universal JOHAN SEBASTIAN BACH.

miércoles, 7 de mayo de 2008

ISRAEL 60 años: ciudadanos judiós y árabes ( I ): David Grossman


Con motivo del 60 aniversario de la proclamación del Estado de Israel en Palestina, este blog va a publicar una serie de reflexiones de ciudadanos , tanto árabes como judíos, de nacionalidad israelita o no, pero que están intimamente implicados en la problemática de aquella tierra.

Empiezo con la primera parte de una conferencia que el escritor judio DAVID GROSSMAN pornunció en pasado invierno en la cátedra ARTHUR MILLER.


"YO ESCRIBO" por David Grossman (primera parte)

“Para nuestro regocijo o para nuestra desgracia, las contingencias de la realidad ejercen una gran influencia sobre lo que escribimos”, dice Natalia Ginzburg en su libro E’ difficile parlare di sé, en el capítulo donde trata sobre su vida y su escritura a raíz de una catástrofe personal.

Es difícil hablar de uno mismo, así que antes de hablar sobre mi experiencia en la escritura, en este momento de mi vida, quiero decir unas cuantas cosas sobre el impacto que una catástrofe, una situación traumática, tiene sobre una sociedad entera, sobre un pueblo entero.
De inmediato vienen a mí las palabras del ratón en Una pequeña fábula, de Kafka. Ese ratón que, conforme se acerca a la trampa y mientras el gato acecha por detrás, dice: “¡Ay!… El mundo se hace cada día más pequeño”.

Sí. Tras muchos años de vivir en la realidad desmesurada y violenta de un conflicto político, militar y religioso, puedo informarles con tristeza de que el ratón de Kafka tenía razón: el mundo, efectivamente, se vuelve más estrecho, más reducido con cada día que pasa.

Y también les puedo decir que un espacio vacío crece muy, muy lentamente entre la persona, el individuo, y la situación externa, violenta y caótica dentro de la cual vive. Esa situación que dicta su vida.

Dicho espacio nunca permanece vacío. Se llena rápidamente: con apatía, con cinismo, y más que nada con desesperanza, la desesperanza que alimenta las situaciones anómalas, favoreciendo su persistencia, en algunos casos incluso durante generaciones.

Desesperanza ante la imposibilidad de cambiar el estado reinante de las cosas, ante la imposibilidad de ser redimidos. Y la desesperanza que es aún más profunda: desesperanza ante las cosas que esta situación anómala saca a la luz, finalmente, en todos y cada uno de nosotros.

Siento que yo, y la gente que veo y que conozco a mi alrededor, llevamos una pesada carga, precio de este continuo estado de guerra. En él, el “área superficial” del alma que tiene contacto con el mundo violento y amenazante se encoge. La habilidad –y la disposición– de identificarse, incluso un poco, con el dolor de los otros se limita; el juicio moral se suspende. Casi todos sentimos desesperación ante la imposibilidad de llegar a comprender nuestros verdaderos pensamientos, inmersos como estamos en un estado de cosas que es demasiado aterrador y engañoso y complejo, tanto en términos morales como prácticos; de ahí que uno se convenza de que sería mejor no pensar, y opte por no saber… quizá esté mejor si dejo la tarea de pensar y de actuar y de establecer normas morales en manos de aquellos que, supuestamente, podrían saber más.

Pero ante todo, estoy mejor si no siento demasiado, al menos hasta que esto pase; y si no pasa, al menos habré aliviado en cierta medida mi sufrimiento, habré desarrollado una insensibilidad útil, me habré protegido lo mejor posible con ayuda de una pizca de indiferencia, una pizca de sublimación, una pizca de ceguera intencional, y grandes dosis de anestesia autoinfligida.
En otras palabras: debido al miedo perpetuo –y demasiado real– a resultar heridos, miedo a la muerte o a la pérdida insoportable, miedo incluso a la “mera” humillación, todos y cada uno de nosotros, ciudadanos del conflicto, prisioneros suyos, restringimos nuestra propia vitalidad, nuestro diapasón interno, mental y cognitivo, envolviéndonos siempre en capas protectoras que terminan por asfixiarnos.

El ratón de Kafka tiene razón: cuando el depredador se nos acerca, el mundo efectivamente se hace cada vez más pequeño. Y lo mismo sucede con el lenguaje que lo describe. A partir de mi experiencia puedo decir que el lenguaje con el que los ciudadanos de un conflicto sostenido describen su predicamento se vuelve progresivamente hueco cuanto más perdure la situación. Poco a poco, el lenguaje se convierte en una secuencia de clichés y eslóganes. Todo comienza con el lenguaje creado por las instituciones que administran el conflicto de manera directa: el ejército, la policía, los diferentes ministerios del gobierno; rápidamente el fenómeno se filtra a través de los medios de comunicación masiva que informan sobre el conflicto y que engendran un lenguaje aún más taimado, dirigido a narrar a su público la historia más fácil de digerir; finalmente, todo se cuela al lenguaje privado, íntimo, de los ciudadanos del conflicto, aunque ellos lo nieguen.
En realidad este proceso es totalmente comprensible: después de todo, la riqueza natural del lenguaje humano y su capacidad de tocar los más finos y delicados matices y fibras de la existencia puede herir profundamente en tales circunstancias, pues nos recuerda incesantemente la pródiga realidad que nos está siendo arrebatada, su verdadera complejidad, sus sutilezas.

Y cuando la situación parece irresoluble, conforme el leguaje utilizado para describir el estado de las cosas se vuelve hueco, su discurrir público mengua cada vez más. Lo que queda son las acusaciones mutuas, inmutables y banales, entre los enemigos, o entre los adversarios políticos dentro de un mismo país. Lo que queda son los clichés que usamos para describir a nuestro enemigo y a nosotros mismos; los clichés que son, en última instancia, una colección de supersticiones y generalizaciones burdas en las que nos encerramos y en las que entrampamos a nuestros enemigos. El mundo, efectivamente, se hace cada vez más pequeño.
Mis pensamientos no sólo se refieren al conflicto en Medio Oriente. En demasiadas partes del mundo, hoy día, miles de millones de personas se enfrentan a una “situación” de alguna clase en la que la existencia personal y los valores, la libertad y la identidad están, hasta cierto punto, bajo amenaza.

Casi todos nosotros tenemos una “situación” propia, una maldición propia. Cada uno de nosotros siente –o puede intuir– cómo nuestra “situación” especial puede convertirse rápidamente en una trampa que nos arrebatará la libertad, el sentido de hogar que nuestro país nos da, nuestro lenguaje privado, nuestro libre albedrío.

Es en esta realidad que nosotros, autores y poetas, escribimos. En Israel y en Palestina, en Chechenia y en Sudán, en Nueva York y en el Congo. En ocasiones, durante mi jornada de trabajo, después de varias horas de escribir, levanto mi cabeza y pienso: justo ahora, en este preciso momento, otro escritor a quien ni siquiera conozco está sentado, en Damasco o en Teherán, en Ruanda o en Dublín, justo como yo, practicando este peculiar y quijotesco oficio de creación, dentro de una realidad que alberga demasiada violencia y enajenación, indiferencia y abatimiento. Ahí tengo un aliado distante, que ni siquiera me conoce, pero juntos tejemos esta telaraña invisible que, no obstante, tiene un poder tremendo, un poder capaz de cambiar el mundo y de crear el mundo, el poder de hacer que los mudos hablen y el poder del tikun, de la restauración, en el sentido profundo que le da la Cábala.



Video ( en francés) de la entrega del prestigioso premio literario israelí Emet concedido David Grossman en la última edición, y en la cual David Grossman manifestó su rechazo a la política del primer ministro Edhou Olmert, negándose a estrecharle la mano.



(continuará mañana)